jueves 22 de septiembre de 2011

Lugn,

es posiblemente la mejor manera de describir estos dos meses en Estrasburgo que acabaron ayer.

Uno de los premios tras la victoria del Concours Cassin era unas prácticas en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Este tribunal, dependiente del Consejo de Europa (distinto de la Unión Europea) es el último garante de los derechos de los ciudadanos europeos. Con jurisdicción desde Irlanda hasta Rusia, desde Malta hasta Finalndia, ochocientos millones de europeos pueden dirigirse a este tribunal cuando consideran que sus derechos fundamentales han sido violados.

Situado a la orilla del Ill, el río de Estrasburgo, rodeado de canales y muy cerca del Rin caminar desde casa hasta el trabajo cada día era un regalo para la vista.

El trabajo en el tribunal ha sido muy interesante. He tenido la oportunidad de trabajar con la división española, dando trámite a las demandas que se dirigen contra España. La mayoría de ellas son rechazadas por falta de cumplimiento de los requisitos exigidos para interponer un recurso en el tribunal. No obstante algunas de ellas si que siguen adelante. Aparte de trabajar con los expedientes y familiarizarme con la práctica del tribunal y el Derecho del Convenio Europeo de Derechos Humanos he tenido oportunidad de asistir a vistas, reuniones y otros actos procesales del tribunal. Hoy mismo se celebra la vista del célebre caso Georgia contra Rusia por la invasión que tuvo lugar en 2008.

Yo trabajaba junto al resto de los becarios, aunque cada uno trabajaba para una división diferente. El buen rollo y la amistad que al final hemos forjado son de los recuerdos más agradables que me llevaré de Estrasburgo.

Siendo la ciudad otro de los elementos que han hecho que esta estancia haya sido tan agradable. La ciudad, preciosa, desde el punto de vista arquitectónico, pero tambien muy agradable para vivir. Una ciudad tranquila, sin agobios, por la que da gusto pasear y que se se halla enclavada en una región que ofrece tanto para ver como es Alsacia.

El siguiente paso es Bruselas, donde me espera la comunidad del Colegio de Europa. Tengo muchas ganas de ir, pero estoy convencido de que echaré de menos estos calmados meses en Estrasburgo.