Todos los sábados tendrían que ser así, o por lo menos parecérse bastante. Levantarse tranquilamente y dirigirse al balcón. Al tiempo que la luz que entra por las rendijas de la persiana te deslumbra y obliga a mirar hacia otro lado, la alegría y optimismo de un sábado soleado te recorre de arriba a abajo. Desperezarse un poquito más y desayunar en la cama, ¡qué hoy si se puede! Una ducha tonificante y mochila a la espalda empiezo a recorrer el río que lleva desde mi casa al centro de Estrasburgo. Los patos y barcos surcan el agua mientras paseo y me entran ganas de sentarme en la orilla ajardinada para no levantarme en todo el día. Se recorta la silueta de la catedral mientras avanzo hacia Place Gutemberg. El sábado, en Estrasburgo hay mercado de productores, rastro y mercado de libro de ocasión. Primero los libros, que suelen pesar menos.
Uno de mis pequeños vicios confesables es la íntima satisfacción que experimento cada vez que encuentro un libro deseado en uno de esos puestos callejeros. En este caso encontré los dos tomos de las Histories inédites du Petit Nicolas. Yo desconocía la existencia de estos libros, pero sólo la idea de tener nuevas historias del gamberro de Nicolas y su panda ya me alegró el día. Seguro que al final acabo leyéndome una cada noche antes de ir a la cama y si el día ha sido complicado, dos.
Alimentada el alma, hay que pensar en el cuerpo y ningún sitio mejor que el mercado de productores situado al lado del río. Bueno, bonito y barato. Para qué pedir más. Tomates que saben a tomate, pan de horno de leña, queso casero. Vamos, que cargo la bolsa para la semana entera por cuatro duros y con la seguridad de comprar calidad. Con la satisfacción del deber hecho, vuelta para casa, que Lorenzo empieza a apretar. Tranquilamente se guarda la compra y con mucho cariño se empieza a hacer la comida. Ya que hemos comprado muchas cosas seamos un poco creativos: ternera con setas a la cerveza. y después de comer bien y con el calorcito una siestita que no nos va a venir nada mal. Tarde de paseo y lectura en l'Orangerie, el precioso jardín de Estrasburgo, situado entre mi casa y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
Hay días que dan ganas de repetir y este sábado fue uno de ellos. Vive le samedi!
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